Descansa en Paz Padre Adalberto, gracias por todo...

Por Salvador Y. Maldonado Díaz

Guadalajara, Jalisco. 26 de agosto de 2018.- Hay luto en los medios de comunicación tapatíos y en la Arquidiócesis de Guadalajara. Murió el exvocero del Arzobispado, el sacerdote y escritor Adalberto González, a los 78 años de edad, luego de ser afectado recientemente por problemas vasculares.

Su cuerpo es velado en el templo de Santa María de Gracia en el centro histórico tapatío, donde mañana será su misa de exequias a las 10 horas.

Nació el 25 de junio de 1940 en La Capilla de Guadalupe, municipio de Tepatitlán de Morelos, en la región de Los Altos de Jalisco. Después de haber cursado todos sus estudios de preparación al sacerdocio en el Seminario Conciliar de Señor San José, fue ordenado presbítero por el Cardenal José Garibi Rivera, sexto Arzobispo de Guadalajara, el 17 de diciembre de 1966.  A continuación una semblanza biográfica del ahora fallecido que publicara el periodista Jesús Parada Tovar en el periódico arquidiocesano Semanario.

Desde sus años como seminarista, se hizo notar como artista plástico, y se le encomendaba el diseño y pintura de los altares para la festividad anual del Corpus Christi en las Facultades de Filosofía y de Teología del Seminario Mayor. Ahí mismo, como estudiante, colaboró repetidamente en la Revista  Apóstol, sobre todo en el terreno de la poesía.

Al paso de los años, por cierto, y durante un considerable lapso, fue el director de esta respetable publicación. Su inclinación literaria se manifestó siendo prefecto de disciplina y profesor del Seminario Menor Auxiliar de Totatiche, Jalisco, ahí se imbuyó del ambiente peculiar de esa Zona Norte del Estado y dio a las prensas su primer y muy bien comentado libro de cuentos: “Voces Secas”, del que florecería después un afinado concierto de obras de narrativa campirana, como por ejemplo: “Tierra adormecida”, “Lo que allí pasó”, “Así eran ellos”, “Ni modo que no”, “Los Congrán”, “De los Arcada” y “Se alborotó el gallinero”. Además, de otro género: “¡Ah, qué dichosos!” (Dichos alteños) e “Itinerario”, éste de poesía.

Viene  al caso señalar que, como prologuistas o presentadores de sus libros intervinieron reconocidos exponentes locales de las letras, como el presbítero José Rosario Ramírez Mercado, los escritores  Luis Sandoval Godoy , José Luis Meza Inda y Víctor Hugo Lomelí Suárez.

También figuraron este punto, don Augusto Orea Marín, el doctor Wolfgang Vogt, don Alfonso Toral Moreno, la maestra. Silvia Quezada, el médico José Dorazco Valdés. En calidad de ilustradores, los maestros Alfonso de Lara Gallardo y Rodolfo Caloca Hernández. Durante 25 años, el Padre Adalberto fue colaborador frecuente del suplemento cultural dominical del periódico El Informador

Su peculiar estilo por darle voz y aliento a la historia, las costumbres y la gente del campo lo instaló entre los literatos reconocidos y admirados de Jalisco, por más que él siempre ha dicho que no pertenece a ninguna “capilla de conspicuos”, sino exclusivamente a La Capilla de Guadalupe.

Ha habido algunos intentos e interés de alumnos de la Facultad de Filosofía y Letras de la Universidad de Guadalajara por ahondar en el estudio de la obra de este sacerdote escritor y plantear tesis profesional sobre el tema. el ministerio de la palabra A partir de 1980, el Cardenal José Salazar López, séptimo Arzobispo Metropolitano, buscando darle mayor dimensión de servicio a la instancia que servía de contacto con los medios de comunicación, le encomendó al Padre Adalberto González la Oficina de Prensa y Comunicaciones Sociales del Arzobispado, en la que inicialmente habían trabajado los sacerdotes Miguel Pérez Velasco, José María Velasco Ortega y Salvador Castañeda Medrano.

El padre González González, después de su encomienda en Totatiche, fue prefecto general de la Casa del Seminario Menor de San Martín y luego prefecto del Instituto de Vocaciones Adultas; tiempo en el cual impartió diversas materias de Humanidades. Después, asignado a la Curia Arzobispal como su vocero, simultáneamente fue vicario parroquial de La Madre de Dios, luego de Nuestra Señora de la Paz y después capellán de Santa María de Gracia hasta que quedó inhabilitado a raíz del grave percance automovilístico que sufrió el 31 de mayo de 2010.

Al encargársele la Oficina de Prensa, se le asignó, a la par, la dirección de La Hoja Parroquial y del Boletín Eclesiástico Diocesano. Y, en atención a esas funciones y atribuciones, y como decano de la Pastoral Diocesana de la Comunicación, fue regularmente invitado a un sinnúmero de programas de prácticamente todas las radiodifusoras y televisoras de Guadalajara, así como a conferencias y mesas redondas sobre la Iglesia y los Medios.

Formó parte, el Padre Adalberto, de aquel entusiasta grupo de sacerdotes y de comunicadores profesionales que, en principio, y con el Cardenal Juan Jesús Posadas Ocampo a la cabeza, animaba el proyecto de crear un Periódico Diocesano, y que finalmente cristalizó, hace 13 y medio años, con la bendición y el decidido aliento del Cardenal Juan Sandoval Íñiguez, noveno Arzobispo Metropolitano.

Desde entonces, el Padre González es el más experimentado Consejero Editorial del Semanario, y con cierta periodicidad entregó (hasta su muerte) para sus páginas algunos de sus creativos y gustados cuentos.

Por último, en esta apretada síntesis curricular, es justo mencionar al padre Adalberto González como el inspirador y creador de dos instituciones aún vigentes: La eucaristía y encuentro de comunicadores, cada 24 de enero, en torno al día de San Francisco de Sales, Patrono de los Periodistas y Escritores y, más antigua todavía (desde hace unos 25 años), la hoy denominada “Pascua de los Comunicadores”, que inició como una sesión de reflexión en la Semana Santa sobre los Misterios Pascuales, supletoria, para los periodistas, de los ejercicios espirituales de la cuaresma.

Asimismo, y con la casi infaltable presencia del Arzobispo, se les ofrece una reunión y desayuno a los medios, con ocasión de la Navidad y de la Jornada Mundial de las Comunicaciones. Y, claro, no podría omitirse consignar que, por tres décadas, el padre Adalberto fue el sacerdote más requerido de los periodistas para asesoría espiritual, confesiones, bendiciones, primeras comuniones, bodas, bautizos, aniversarios, responsos y exequias.