Los micromachismos en el espacio laboral

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Los micromachismos en el espacio laboral

Nosce Te Ipsum por: Josman Espinosa Gómez

En columnas anteriores hemos hablado del machismo, donde se ha expuesto que esta idea donde el hombre es superior a la mujer como un pensamiento colectivo que hemos heredado socioculturalmente, considerando a la mujer como un ser incompleto y con menos capacidades. Seguramente también hemos escuchado estas frases todos los días: “el rosa para las niñas, azul para los niños”, “corres como niña”, “qué suerte que tu marido te ayuda en casa”, o acciones de todos los días donde en el restaurante, la cuenta es para él, la mujer se vuelve invisible en el taller mecánico, o que se pregunte a una mujer si prefiere ser mamá o tener una carrera profesional; todos estos ejemplos son muestras de los “micromachismos” que vivimos todos los días.

Luis Bonino en 1990 propone el término “micromachismos”, como esos comportamientos masculinos que buscan reforzar la superioridad sobre las mujeres. “Son pequeñas tiranías, terrorismo íntimo, violencia blanda”, “suave” o de baja intensidad, tretas de dominación, machismo invisible o partícula “micro” entendida como lo capilar, lo casi imperceptible, lo que está en los límites de la evidencia. Lo grave de ellos, según coinciden los expertos, es que están en la socialización de hombres y mujeres, además lo imperceptibles que resultan. De ahí su perversidad, señalan unos y otras. “Producen un daño sordo y sostenido a la autonomía femenina que se agrava con el tiempo”, señala Bonino.

Estas actitudes por parte del hombre buscan impedir el aumento del poder personal de las mujeres y aprovecharse del rol de “cuidadoras” que ellas ejecutan. También llamados “machismos cotidianos”, existen cuatro tipos:

  1. Utilitarios: primero por su carácter utilitarista y segundo por la actitud de los varones de no asumir su responsabilidad.
  2. Encubiertos: control oculto o indirecto. Son sutiles y ocultan que su objetivo es el control y la manipulación.
  3. Coercitivos: control directo. Puesto que soy superior, “puedo controlar” lo que la mujer dice, el dinero, el espacio, el tiempo, la intimidad, etc.
  4. Coercitivos de crisis: se utilizan para reencauzar a la mujer, cuando ésta se “está saliendo del huacal”. Se ejerce agresión mediante la lástima, el victimismo, resistencias, negaciones y la agresión pasiva.
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Y si bien es cierto que estas actitudes se muestran en todos lados, es en los espacios laborales donde podemos ver claramente estas conductas:

División sexual del trabajo:  en pleno siglo veintiuno, hay trabajos que siguen asignando puestos de acuerdo al sexo, donde a las mujeres se les ofrecen puestos de asistencia o de servicio, primeramente.

Menores sueldos en puestos de la misma categoría:  de acuerdo con el CONAPRED, en México los hombres ganan 34% más que las mujeres por realizar tareas similares.

Dificultad de acceso a puestos de mayor nivel: el hostigamiento, acoso sexual y laboral son todavía mayores en sectores masculinizados.

Asignación de tareas menos cualificadas. Hay empresas que no consideran a las mujeres para puestos directivos o de mayor responsabilidad

Trato verbal discriminatorio: referirse a los hombres por apellido o título y a las mujeres por nombre de pila, es un ejemplo.

Dicho lo anterior, pareciera que los hombres tienen el terreno liso y llano para ellos solos, sin embargo, estas actitudes los afectan tanto como a las mismas mujeres. El machismo ha convertido a los hombres en una olla exprés donde tienen que reprimir sus emociones y no se sienten cómodos expresando sus sentimientos por temor a la burla, sumado a ello está la presión por tener que ser proveedores, valientes, exitosos en lo económico, además tienen que tener un alto rendimiento sexual, si no llega a ser así, suelen poner en duda su masculinidad, muchos de los casos de impotencia son por estrés psicológico, entre otras cosas. Al final, el machismo genera muchas desventajas en las relaciones igualitarias entre los géneros,

Como espacio laboral, el clima organizacional y la cohesión grupal son fundamentales para el bienestar de sus miembros y la productividad de la empresa, por lo que se requiere que cada individuo aporte el 100% de su desempeño y eso será difícil que se logre si la población femenina esté más preocupada por cuidar su integridad ¿no lo creen? Es por eso que mientras seamos más conscientes de ello, se creará un mejor espacio laboral para todos.

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