aislamiento

Lo que estamos aprendiendo en este aislamiento

NOSCE TE IPSUM Por: Josman Espinosa Gómez

Cuando Carl Gustav Jung tuvo su ruptura con Sigmund Freud, entró en una depresión que le provocó brotes psicóticos y lo llevó a experimentar alucinaciones, algunas de las cuales consideró trágicas premoniciones. Sin embargo, lejos de intimidarse ante dicha situación mental, Jung decidió dejar de pensar y se abandonó conscientemente a los impulsos de su inconsciente. Ésta experiencia, dio lugar a uno de los libros más bellos jamás creados: ‘El Libro Rojo’, el siguiente fragmento es tomado de dicho texto que hoy nos hace ver de manera diferente la situación que estamos viviendo.

“(…) Capitán, el chico está preocupado y muy agitado debido a la cuarentena que nos han impuesto en el puerto.

-Está bien, hablaré con él.

– ¿Que te inquieta chico ¿No tienes acaso bastante comida? ¿No duermes bastante?

-No es eso, Capitán. No soporto no poder bajar a tierra y no poder abrazar a mi familia.

– ¿Y si te dejaran bajar y estuvieras contagiado, soportarías la culpa de infectar a alguien que no puede aguantar la enfermedad?

-No me lo perdonaría nunca; aun así, pienso que han inventado esta peste.

-Puede ser. ¿Pero si no fuese así?

-Entiendo lo que queréis decir, pero me siento privado de la libertad Capitán, me han privado de algo.

-Y tú, prívate aún más de algo.

– ¿Me estáis tomando el pelo?

-En absoluto. Si te privan de algo sin responder de manera adecuada, has perdido.

-Entonces, según usted, si me quitan algo, ¿debo quitarme alguna cosa más por mí mismo para vencer?

-Así es. Yo lo hice en la cuarentena de hace 7 años.

– ¿Y qué es lo que os quitaste?

-Tenía que esperar más de 20 días sobre el barco. Había esperado meses para llegar al puerto y gozar de la primavera en tierra, pero hubo una epidemia. En Port April nos vetaron de bajar. Los primeros días fueron duros. Me sentía como tú. Luego empecé a contestar a aquellas imposiciones no utilizando la lógica.

Sabía que tras 21 días de este comportamiento se crearía una costumbre, y en vez de lamentarme y crear costumbres desastrosas, empecé a portarme de manera diferente con todos los demás.

Empecé a reflexionar sobre aquellos que tenían muchas privaciones cada día de su miserable vida y desde una óptica justa, decidí vencer.

-Empecé con el alimento. Me impuse comer la mitad de cuanto comía habitualmente, luego empecé a seleccionar los alimentos más digeribles, para que no se sobrecargase mi cuerpo. Pasé a nutrirme de alimentos que, por tradición, habían mantenido al hombre saludable.

-El paso siguiente fue unir a esto una depuración de pensamientos malsanos y tener cada vez más pensamientos elevados y nobles.

-Me impuse también leer al menos una página cada día de un argumento que no conocía.

-Me impuse hacer ejercicios sobre el puente del barco.

Un viejo hindú me había dicho años antes, que el cuerpo se potenciaba reteniendo el aliento.

-Me impuse hacer profundas respiraciones completas cada mañana. Creo que mis pulmones nunca habían llegado a tal capacidad y fuerza.

-La tarde era la hora de las oraciones, la hora de dar las gracias, principalmente por no haberme dado el destino esas serias privaciones durante toda mi vida.

-El hindú me había aconsejado también que hiciera la costumbre de imaginar la luz entrar en mí y hacerme más fuerte. Eso podía funcionar también para la gente querida que estaba lejos y así esta práctica la integré igualmente en mi rutina diaria sobre el barco.

-En vez de pensar en todo lo que no podía hacer, pensaba en lo que haría una vez que bajara a tierra. Visualizaba esas escenas cada día, las vivía intensamente y gozaba de la espera.

Descubrí así que todo lo que podemos obtener de forma inmediata, nunca es tan interesante.

-Entendí que la espera sirve para sublimar el deseo y hacerlo más poderoso. Me había privado de alimentos suculentos, de botellas de ron, de imprecaciones y tacos. Me había privado de jugar a las cartas, de dormir mucho, del ocio, de pensar sólo en lo que me habían quitado.

-Cómo acabó entonces todo eso, Capitán?

-Adquirí todas aquellas costumbres nuevas. Me dejaron bajar después de mucho más tiempo del previsto.

– ¿Pero entonces os privaron de la primavera, cierto?”

-Sí, así fue. Aquel año me privaron de la primavera, y de muchas cosas más; pero yo había florecido igualmente, y me había llevado la primavera dentro de mí y nadie nunca más habría podido quitármela (…)”.

En estos días de aislamiento y tiempos difíciles, no pienses que te están robando algo, al contrario, descubre tu fuerza interior y florece como nunca lo habías hecho, es un gran reto ¿no crees?, seguro hoy tienes tiempo para intentarlo.

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