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Cuando la indecisión toma tus decisiones

¿Cuántas veces has dejado pasar una gran oportunidad o un gran momento porque te sentías temeroso o indeciso? ¿cuántas veces al pasar del tiempo te dijiste “si hubiera” tal vez estarías disfrutando en lugar de sufriendo? Por lo general, para tratar de evitar un error, dejamos pasar la oportunidad de aprender.

Simplemente recordemos cuando éramos niños ¿cómo aprendimos a caminar? ¿a andar en bicicleta? ¿a nadar?, en general a hacer todas esas cosas que un día no sabíamos hacer, pues cayéndonos y levantándonos, la gran diferencia es que en esos momentos en nuestra cabeza no existían los conceptos de fracaso, ni de error. Aprendemos, desde nuestro interior o intuición, a saber, que si no lo intentábamos jamás lograríamos nada, así que probar, equivocarnos, rectificar, aprender y volver a empezar fue algo natural.

Todo esto sumado a que vimos a nuestro alrededor que los demás podían hacerlo, porque en el fondo uno sabía que también lo haría. Hasta aquí todo va bien, hasta que empezamos a darle valor a la opinión de los demás, empezando por los padres, los maestros, los amigos y nuestro entorno, todo con el objetivo de sentir su aprobación. Es así que el equivocarse se convirtió más en un ejercicio de aprobación que cuando dudábamos, mejor lo evitábamos y así aprendimos que eso era mejor que intentarlo. Nuestra actitud cambió y las decisiones se empezaron a posponer para no enfrentar la crítica, el ridículo o el enjuiciamiento sintiéndonos tristes y decepcionados de nosotros y de la vida misma.

Todo lo anterior genera creencias y pensamientos en nosotros que se llegan a convertir en casi leyes de vida, lo que nos limita y no nos deja crecer y evolucionar como personas, y hacemos un hábito el evadir tomar decisiones que me puedan exponer ante los demás y muchos prefieren hacerse a un lado para no ponerse en riesgo alguno. Entonces ¿cuál es la diferencia entre las personas que logran las cosas y las que no?, suena más fácil de lo que es, y es: darse permiso a equivocarse, esto a la larga es una liberación única del individuo.

Si en algún momento cambias tu actitud, y en lugar de tener miedo a arriesgarte con alguna experiencia, lo tomas como algo motivante a aprender algo nuevo que te ayudará a crecer como persona, en ese momento empiezas a vivir tu vida y no a sobrevivir lo que te dijeron que podría ser tu vida. Vivir exige un mínimo de audacia, ya que no existen las certezas absolutas, solo hay probabilidades. Pero si aprendemos a mirar, a comprobar que existe un orden que siempre surge después de cualquier desorden y que la intención es más importante que el error, entonces estaremos en mejor disposición y gozaremos de una mayor tranquilidad para poder decidir.

Hoy sabemos que dudas habrá siempre, pero al final del día hay que decidir, y no decidir nada, también es una decisión, así que porque no mejor atreverse y aprender de ello.  Ahora solo pensemos que, para decidir, necesito comprender que siempre que se elige se pierde algo, pero solo si estamos dispuestos a pagar el precio, entonces podremos disfrutar de la experiencia y de los resultados a la vez.

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¿Cómo empezamos a cambiar nuestra actitud para tomar decisiones por nosotros?
  • Prepara una lista: Escribir los pros y los contras de cada decisión puede ayudarte a resolver algunas dudas, la lista debería servirte para saber qué cosas estás en condiciones de resignarte a carecer.
  • Da pequeños pasos: Reserva la “crisis de decisión” para los dilemas realmente trascendentes. Aprende a separar lo urgente de lo prioritario y respétalo.
  • Piensa en ti: Parte del estrés que genera tomar decisiones está relacionado con que nunca lo hacemos completamente solos. Hazlo por y para ti.
  • Confía en tu Intuición: A veces, una sensación interna te lleva a priorizar una opción en lugar de otra. Es importante confiar en tu intuición y en tus capacidades: la falta de seguridad en ti mismo te lleva a postergar las decisiones.

Te invito a que lo intentes con pequeñas cosas y decisiones ¿qué es lo peor que puede pasar?, tal vez hasta aprendas algo de ti que no sabías.

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