Santa Quiteria INAH
Inicia proyecto integral de exploración e investigación, en el sitio prehispánico de Santa Quiteria, Jalisco. Foto Centro INAH Jalisco.1
  • El 5 de octubre inició la primera etapa de trabajo, centrada en recorridos de superficie y prospección, vía dron, en las 100 hectáreas que ocupa la urbe prehispánica.
El ArenalJalisco. 10 de octubre de 2020.- Emplazado en el fértil valle que rodea al volcán de Tequila, el sitio arqueológico de Santa Quiteria ha iniciado, gracias a la suma de esfuerzos entre el Instituto Nacional de Antropología e Historia (INAH) y empresarios tequileros de Jalisco, un amplio proyecto que busca su investigación y consolidación, con miras a que, en el largo plazo, pueda abrirse al público.
 
Ubicado entre los municipios de El Arenal y Amatitán, este emplazamiento fue identificado y registrado ante el Instituto por el arqueólogo Phil Weigand, en los años 70, sin embargo, no había sido objeto de trabajos de exploración.
 
Con este proyecto de colaboración, impulsado desde la dirección del Centro INAH Jalisco por la antropóloga Alicia García Vázquez, y el cual  contará con la inversión anual del empresariado, se busca poner en valor esta importante urbe prehispánica, cuyo tamaño es similar al de la Zona Arqueológica de Guachimontones, en el cercano Teuchitlán.
 
En el marco de la campaña “Contigo en la Distancia”, de la Secretaría de Cultura del Gobierno de México, la investigadora de la Sección de Arqueología del Centro INAH Jalisco, Martha Lorenza López-Mestas Camberos, comenta que Santa Quiteria ―el cual toma su nombre de una hacienda cercana― tuvo su principal periodo de ocupación entre los años 250 a.C. y 400 d.C., aproximadamente.
 
Sus habitantes fueron parte de la cultura que Weigand nombró como “teuchitlán”, establecida hacia esa época en los alrededores del citado volcán; sus estructuras más características son una serie de conjuntos arquitectónicos circulares que alojaban un gran altar en su núcleo.
 
En Santa Quiteria, agrega la arqueóloga, se han observado superficialmente dos conjuntos circulares, uno en el área del valle y otro en una elevación, en cuyos alrededores se emplazan diversas terrazas de probable uso agrícola o habitacional, así como, al menos, dos juegos de pelota.
 
En vista del arduo trabajo que tienen enfrente los arqueólogos, dado que el sitio se extiende a lo largo de 100 hectáreas, para la investigadora es destacable la comprensión que los inversionistas han mostrado acerca de los procesos a seguir.
 
“Si bien la exploración comenzará en los conjuntos monumentales, que son los más visibles, nuestra idea es prospectar toda la superficie para hacer un registro de cada unidad habitacional o terraza de cultivo y, de este modo, entender realmente la composición del sitio, guiados por un proyecto integral de investigación”.
 
Esta premisa ha sido favorablemente adoptada por los empresarios, con cuyo apoyo, el pasado 5 de octubre, inició la primera etapa, enfocada en recorridos de superficie y prospección con fotografías aéreas, vía drones, en aras de tener una mejor delimitación del polígono del sitio.
 
Será en próximas temporadas cuando los especialistas del INAH, arqueólogos y restauradores, entre otros especialistas, comiencen las excavaciones y exploraciones de las estructuras. El horizonte para la eventual apertura del sitio al público es de, al menos, cinco años más.
 
“Hemos sido claros con ellos, la habilitación de servicios y señalética para abrir la zona requiere de varios años, dado que antes debemos atender muy bien a los vestigios: documentarlos, consolidarlos y restaurarlos en caso de ser necesario; todo en apego a los procedimientos que marca el Consejo de Arqueología del INAH”.
 
En este sentido, la arqueóloga reconoce la conciencia que los empresarios han tomado respecto al cuidado del legado histórico jalisciense, ya que a menudo la siembra de agave se realiza sobre terrenos con elementos arqueológicos identificados. Esto sucedió, incluso, en Santa Quiteria, de allí que la remediación de las afectaciones causadas por la actividad agrícola comprende, igualmente, a los tequileros.
 
“Durante las pláticas que tuvimos con los empresarios, coincidimos en que no es posible que un Patrimonio Mundial como el Paisaje Agavero, no respete, a su vez, a otro tipo de patrimonio que es mucho más antiguo”, concluyó López-Mestas.
 
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