Los espirales eran símbolos comunes que se utilizaban en los petrograbados preshipánicos y prehistoricos cortesía Xalisco AC

Guadalajara, Jalisco. 27 de septiembre de 2018 (Agencia Informativa Conacyt).- Desde hace miles de años han permanecido en su sitio, ocultos entre la vegetación o en lugares inalcanzables. Discretamente los petrograbados ostentan primitivos mensajes que pueden ser referencias a historias, mitos, rituales o indicaciones, pero también son vestigios para interpretar el pasado de las civilizaciones del centro de Jalisco.

Con un reporte de alrededor de 100 petrograbados, Erick González Rizo, arqueólogo y docente de la Universidad de Guadalajara (UdeG), inició con el registro de piezas prehispánicas y prehistóricas localizadas en las regiones jaliscienses Ciénega, Sierra Occidente y Valles, así como algunas encontradas en la Zona Metropolitana de Guadalajara.

Después de un trabajo de tres años, el registro obtenido se convirtió en la publicación Cuando las piedras hablan: un catálogo de las manifestaciones gráfico-rupestres prehispánicas en el Centro de Jalisco, un libro que compila información y detalles de las piezas que se han encontrado en al menos 30 puntos diferentes en el estado.

“La idea fue sistematizar la información que teníamos dispersa y agregar los nuevos sitios que no tenían registro. Decidimos hacer una catalogación a través de un registro gráfico y para ello empleamos fotografía normal y levantamientos fotogramétricos”, señala Erick González, y explica que esta técnica también ayudó a detectar trazos erosionados difíciles de detectar a simple vista.

La zona de estudio y registro abarcó la región Valles, aproximadamente a 90 kilómetros de Guadalajara y donde se localizan municipios como Ameca o Magdalena, hasta las ciudades de Ocotlán y Poncitlán, en la región Ciénega, a 80 kilómetros de la capital jalisciense.

Erick González Rizo señala que algunas de estas zonas ya contaban con registros fiables basados en estudios profesionales realizados anteriormente, lo que facilitó la recopilación de información, pero también se organizaron excursiones para enriquecer los datos de aquellas piezas que contaban con detalles desactualizados.

“Era necesario investigar en esta zona porque había un vacío de registro, porque en el tema de arte rupestre de Jalisco se ha trabajado más en la región Costa”. El docente menciona que otros municipios de esa área cuentan con más registros gracias a otros investigadores, situación similar a la que ocurre en la región Altos, donde también existen reportes previos.

El también historiador comparte que algunos de los puntos referidos fueron localizados gracias a señalamientos; Erick González recuerda que en ocasiones acudían a poblaciones de la zona de estudio luego de recibir el aviso de pobladores que indicaban la presencia de petrograbados, o se apoyaban en relatos que ya circulaban entre esas comunidades.

Postales de la Ciénega

En algún punto de la delegación de Mezcala de la Asunción, en el municipio de Poncitlán, un bloque de piedra fue utilizado como lienzo; sobre él figuran dos seres antropomórficos y un tercer personaje que parece ave. En sus registros, Erick González sospecha que esta pieza pertenece al periodo Arcaico y quizá fue grabada entre los años 5000 y 2000 a. C.

Esa pieza recibe el nombre de La Familia y es parte de un conjunto de vestigios congregados en la comunidad de Mezcala de la Asunción, una región que junto con los municipios de Ocotlán, Tototlán y la zona de la Ribera de Chapala tienen una riqueza mayor a la observada en la región Valles y en la Zona Metropolitana de Guadalajara.

Erick González atribuye la riqueza arqueológica de la zona a las antiguas civilizaciones que habitaron lo que ahora son los municipios de Poncitlán y Tlajomulco de Zúñiga, y señala que otro factor detonante fueron las características geográficas de la región y su cercanía al lago de Chapala.

Respecto a la metrópoli, el arqueólogo menciona que los registros se enfocan en el sur, en el municipio de Tlajomulco, donde hay reportes de piezas como La Rosetta o Pata de Mula, un petrograbado de alrededor de tres metros de diámetro y que muestra elementos gráficos como espejos de agua, senderos, montañas, soles, y posiblemente peyote.

Arqueologo, Erick González

Buen panorama para el pasado

El arqueólogo considera que documentar petrograbados es apenas el primer paso para conocer la historia de las antiguas civilizaciones en Jalisco. Erick González comparte que en el estado ya hay zonas arqueológicas con reconocimiento, investigación y un trabajo detrás, pero aún falta tomar en cuenta otras regiones para encontrar su riqueza arqueológica.

“Con este registro apenas estamos empezando. En Jalisco tenemos un atraso en los temas rupestres y de petrograbados, pero la ventaja es que ya iniciamos con la documentación de las piezas. Quizás es un esfuerzo muy generalizado, pero sirve para sistematizar la información sobre nuestro patrimonio en Jalisco; vienen muchas sorpresas para conocer el pasado de Occidente”.

Para consolidar la publicación de este registro, Erick González Rizo y su equipo fueron apoyados por la Secretaría de Cultura del gobierno de Jalisco.