somatizando

Estás somatizando: ¿lo has escuchado?

Muchos de nosotros a través de nuestra vida hemos escuchado la frase: “ya estás somatizando”, y aunque no conozcamos el término exactamente, lo relacionamos con dos cosas, nuestro cuerpo y nuestras emociones, aunque no siempre en una relación adecuada o favorable. Lo que es un hecho, es que la conexión en el ser humano entre su cuerpo y su mente ha existido desde que tenemos uso de razón, a lo largo de los años, el concepto “psicosomático” ha sido abordado desde diferentes enfoques y es un tema que tiene muchos puntos de vista, así como controversias. Lo único que es real y nadie puede discutir, es que ciertos factores psicológicos influyen en el funcionamiento corporal y de lo que la medicina psicosomática, se hace cargo de estudiar.

Entonces ¿qué es lo psicosomático? dicho vocablo contiene los conceptos de “psique” y “soma”, o lo que es lo mismo, mente-cuerpo. De igual forma, la palabra “somatizar” (con raíces griegas) se compone de “soma” (cuerpo) y de “izein” (convertir en), de donde deducimos que somatizar podría definirse entonces como la transformación o conversión del proceso mental en síntomas físicos de forma involuntaria.

Hoy sabemos que lo que vivimos en nuestra infancia y cómo la vivimos, se vuelve un factor fundamental en el desarrollo posterior de nuestra conducta y personalidad e igualmente, las necesidades básicas no atendidas o insatisfechas pueden ocasionar diferentes tipos de trastornos en un futuro. Pero si el tema es hablar de las emociones, los daños emocionales recibidos en la infancia y vividos intensamente o prolongados en el tiempo, tendrán un impacto aún mayor en nosotros a nivel emocional y consecuentemente, a nivel fisiológico, ya que las famosas heridas emocionales pueden afectar a nuestro cuerpo de múltiples formas: problemas gástricos, dolores, síntomas neurológicos, problemas en las relaciones sexuales, órganos afectados, etc. Por tanto, la somatización sería el reflejo del dolor emocional “guardado” o no procesado en nuestro cuerpo.

El profesor de Psicología y Neurociencia de la Universidad de Colorado Boulder, Tor D. Wager, realizó un estudio en el que descubrió que las zonas cerebrales que se activan cuando sufrimos un dolor físico son las mismas que cuando experimentamos un dolor emocional: “Nuestro cerebro no sabe diferenciar entre un estado u otro, más bien le importa la intensidad de lo vivido y el sufrimiento resultante”. Por lo que, al parecer, un estado de estrés prolongado, largos periodos de ansiedad o problemas emocionales persistentes con una pobre gestión emocional, son la causa que conlleva a la somatización. De aquí la importancia de aprender a autoregular nuestras emociones, ya que estas necesitan ser expresadas sino queremos enfermar.

Es importante reconocer que cuando una emoción nos invade, normalmente la reprimimos porque es lo que nos han enseñado, provocando que esa emoción quede encapsulada y decidimos enterrarla, hasta que encuentra una salida en nuestro cuerpo de manera de dolencia o enfermedad, por lo que la importancia de trabajar con ellas es una prioridad, si queremos evitar las enfermedades consecuentes.

La pregunta obvia será ¿qué hacer para dejar de somatizar?. Primero que nada, hay que reconocer nuestras emociones, aceptar lo que estamos sintiendo y observar el dolor en la parte del cuerpo. Intenta ver a tu pasado y recuerda los momentos en los que te sentías de la misma manera. Ponle palabras a lo que estás sintiendo, ayudará a que le des un espacio adecuado. Evita situaciones que te estresen o te hagan daño. Comparte cómo te sientes con personas de confianza, sino quieres hablarlo con alguien, exprésalo de otra forma, puedes dibujar, escribirlo o como encuentres adecuado expresarte. Y nunca olvides que detrás de cada emoción hay un aprendizaje, aunque todavía ni puedas reconocerlo.

En caso de que todo lo anterior no te funcione, puedes acudir a un profesional de la salud mental para que te ayude y apoye en este camino.

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