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EMPLEADA DE LIMPIEZA CANTA EN EL BAÑO Y DA TOQUE NAVIDEÑO A TIENDA

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  • La empleada del almacén de ropa de 47 años toma su guitarra

¿Espíritu navideño en el baño de unos grandes almacenes? Lo que de primeras puede parecer difícil no lo es para una trabajadora de la limpieza de la cadena de ropa C&A, en Hamburgo, que no duda en deleitar a los clientes con un repertorio de canciones más propias de un mercadillo de Navidad.

Entre sus tareas de limpiar los baños y recaudar propinas por su eficiencia a la hora de mantenerlos en buen estado -algo muy extendido en Alemania donde es habitual ver a mujeres a las entradas de los baños-, esta empleada de 47 años no duda en tomar su guitarra y tocar unos cuantos acordes.

Además de las típicas canciones navideñas canta piezas de Joan Baez, Barbra Streisand, Zarah Leander o temas como “What a wonderful world”. En la cola de espera para usar el inodoro, primero suenan los aplausos y después el sonido del dinero al caer en su platillo.

En las cabinas de los retretes, algunas personas reaccionan con asombro cuando de repente comienza a sonar música afuera. Probablemente muchos piensen en un primer momento que se trata de una radio, nos dice la cantarina trabajadora de la limpieza.

Stefanie Ansul-Weissner lleva años deleitando a los clientes del cuarto piso de las galerías con sus canciones. Al principio sólo cantaba en el trabajo de vez en cuando, comenta. Entonces un día para probar se llevó la guitarra, que toca desde la infancia, y a los clientes les gustó mucho, recuerda.

Desde entonces, canta y toca en su inodoro. Mujeres a la izquierda, hombres a la derecha, entremedias su pequeño habitáculo de trabajo con un póster de Joan Baez.

Por lo general entona una o dos canciones, después limpia el inodoro de nuevo o lleva a las clientas rápidamente al baño de hombres cuando la cola es demasiado larga y después vuelve a quedar libre para seguir con sus canciones.

Los clientes están contentos. Primero reaccionan sorprendidos y luego se les forma una sonrisa en los labios. “Eso suena realmente genial”, dice una. La acústica en las salas de azulejos blancos tampoco está nada mal, apunta. Otra clienta, con dos bolsas y visiblemente apurada, vuelve a hacer una pausa al salir, espera el final de la canción y aplaude. Stefanie Ansul-Weissner deja su guitarra a un lado y vuelve a agarrar el trapo.