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COMER PARA NO QUERERME

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COMER PARA NO QUERERME

NOSCE TE IPSUM

Por: Josman Espinosa Gómez

La Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura (FAO) alertó sobre la necesidad de cambiar los hábitos alimenticios en México, ya que, según datos de la Encuesta Nacional de Salud y Nutrición (ENSANUT), en 2016, el 73% de la población adulta padece sobrepeso u obesidad, es decir, siete de cada 10 adultos, cuatro de cada 10 jóvenes y uno de cada tres niños[1].

El primer placer que tenemos en la vida es comer. La primera relación con la madre se genera a los pocos minutos de vida y se basa en la protección y nutrición. Desde este momento configuramos que el hecho, representará durante toda la vida ese apego con nuestra madre y esa sensación de bienestar. De ahí que cuando nos sentimos amenazados, nerviosos o con ansiedad lo primero que hacemos, buscando alivio, es comer. El problema es que este mecanismo ya no funciona. Tras la etapa de lactancia, es simplemente una regresión al pasado que carece de utilidad en el presente y que, contrario al alivio que buscamos, le generamos un malestar al cuerpo.

No es extraño que, para no enfrentar nuestro miedos, enojos, inconformidades y frustraciones de manera inteligente, intentamos de manera poco eficiente castigarnos, tratando de llenar el hueco afectivo que sentimos con comida, buscando en ella una sensación mayor de seguridad y protección. Lamentablemente, la comida no es la solución y el optar por ella en estos casos se vuelve un problema para el cuerpo que es el que sufre las consecuencias: obesidad y sobrepeso.

¿Qué podemos hacer? Lo primero es identificar que la raíz de las ganas de comer se encuentra más en los miedos, nervios o ansias, que, en el gusto y la necesidad de alimento, podremos empezar a trabajar en ello y a sentirnos mucho mejor por dentro y por fuera.

¿Qué te angustia, te molesta, te da miedo, te incomoda o te pone nervioso? Busca la causa de esa inconformidad en tu vida y enfréntala, nunca podremos vencer a un enemigo al que le damos la espalda. La mejor solución es hacernos responsables por aquello que nos molesta y nos genera estos sentimientos que terminan por orillarnos a descuidarnos. Esta decisión está en cada uno, tiene que ver con el amor propio y el deseo de tener buena calidad de vida.

Hoy es el mejor momento para reflexionar. Parémonos frente al espejo y preguntémonos ¿nos gusta lo que vemos? Caminemos 30 minutos a un paso acelerado ¿nos gusta como nos sentimos? Juguemos con nuestros hijos, amigos o hermanos ¿nos sofocamost? Si una de las respuestas es no, entonces te tengo un consejo: empieza a QUERERTE, no hacerlo te va a costar más de lo que crees, el bienestar personal es responsabilidad de cada uno.

[1] Recuperado de: https://www.excelsior.com.mx/global/2018/03/11/1225688

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