Plantón de familias de personas desaparecidas en el Instituto Jalisciense de Ciencias Forenses.
  • Robles Ortega exhortó a definir el ADN de los cuerpos no identificados.

Guadalajara, Jalisco. 21 de septiembre de 2018.- El arzobispo tapatío: el cardenal José  Francisco Robles, se pronunció  por la pronta tarea de que se recabe la información genética de los cadáveres sin identificar de parte  de Instituto Jalisciense de Ciencias Forenses de Jalisco (IJCF).

El jerarca católico cuestionó la falta de cuidado y atención a los cadáveres que no han sido identificados, “porque con esto crece el desaliento de las personas que esperan encontrar a sus seres queridos. Por razones sociales, humanitarias, religiosas y de salud pública, es urgente seguir los procedimientos adecuados para obtener y archivar cuidadosamente la información genética que pueda llevar en el futuro a la identificación de los restos de quienes ahora permanecen en el anonimato. Hacemos un llamado, entonces, al debido respeto y honorabilidad por los seres humanos en cualquiera de sus circunstancias, desde el más vulnerable e indefenso hasta el más desconocido e ignorado. Cualquier hálito de existencia humana es muestra de la bondad del Creador”, adujo el purpurado .

En un comunicado de la oficina de prensa de la mitra tapatía, firmado por Robles Ortega, se recordó que   “los cuerpos no reclamados que saturaron el espacio destinado para ello en el IJCF se convirtió en un tema de conocimiento e interés público. Como todos sabemos, se optó por alquilar dos tráileres con refrigeración, para mantenerlos en sitio aparte, hecho que ha causado indignación en la sociedad”.

El  cardenal expresó que “habiendo recibido la solicitud de muchos fieles de conocer lo que enseña la doctrina católica sobre el respeto y la dignidad de los cuerpos de los difuntos, expreso, como Pastor de esta Iglesia de Guadalajara, algunas consideraciones al respecto. Profesar: “Creo en la resurrección de los muertos”, es afirmar algo esencial de la fe cristiana. San Pablo nos dice que “si Cristo no hubiera resucitado, vana sería nuestra fe” (1Cor 15,14). La existencia humana, por tanto, no concluye con los años que se vivan en el mundo, pues Jesucristo, al resucitar, nos ha hecho partícipes de la eternidad”.

En el texto se señala que “la dignidad de todo individuo no se pierde, ni aún después de la muerte; los restos humanos exigen el respeto debido a quien en vida fue una persona, “imagen y semejanza de Dios”, que espera, por los méritos de Jesucristo, ser rescatada y salvada para la vida eterna. No pueden ser lo mismo los despojos de la naturaleza inanimada que los restos de quien vino a la existencia por un designio divino. La muerte no es el fin, la anulación, la eliminación, ni mucho menos, la extinción de una persona humana.

Gracias a Cristo, la muerte cristiana tiene un sentido positivo. La visión cristiana de la muerte se expresa de modo privilegiado en la liturgia de la Iglesia: «La vida de los que en ti creemos, Señor, no termina, se transforma: y, al desahacerse nuestra morada terrenal, adquirimos una mansión eterna en el cielo». La inhumación, por su parte, es una forma de manifestar la fe en la Resurrección, pues con ello se entiende que se reposa con la firme esperanza de ser un día despertado para la luz eterna del Cielo. Además de responder a una antiquísima tradición de sepultar a los muertos, sabemos que ha sido considerada una obra de misericordia corporal. Las sociedades de todos los tiempos y culturas han dispuesto lugares adecuados para la inhumación de sus difuntos; espacios que manifiestan la compasión, el respeto y la veneración hacia aquellos que compartieron nuestro mismo peregrinar”, según se expone en el comunicado.

El cardenal Robles adujo que los acontecimientos mencionados ponen en evidencia un proceso de deshumanización lamentable y gradual en nuestra sociedad, que nos ha ido permeando, y son, al mismo tiempo, una manifestación de la violencia desatada en la que vivimos, y que nos hace deducir que las instituciones de gobierno han sido rebasadas.

EL DATO

Familiares de personas desaparecidas de varios estados instalaron un plantón frente al Instituto Jalisciense de Ciencias Forenses, además de que entregaron un pliego petitorio para exigir el adecuado funcionamiento de los procesos para recepción, identificación y entrega de cuerpos.  Los manifestantes llegaron al edificio ubicado en Álamo Industrial de Guadalajara portando lonas y pancartas con la imagen de sus familiares desaparecidos; además lanzaron algunas consignas, pidieron justicia y que se les hablara con la verdad. El Colectivo de Familiares Unidos de Desaparecidos de Jalisco calificó la situación que se vive en la entidad como una “emergencia humanitaria” y a nombre de los familiares de personas que permanecen ilocalizables, solicitaron ser atendidos por autoridades estatales.

Ya se inició la tarea de recabar la información genética de 444  cuerpos en refrigeración, dado que sólo 60 de éstos ya cuentan con su perfil genético definido, según se ha informado de parte del IJCF.

Cadáveres

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