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Caminatas con llamas y alpacas ayudan a calmar a personas

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ARCHIVO - Un grupo de personas camina con llamas y alpacas en Drantum, Baja Sajonia, Alemania. Foto: Mohssen Assanimoghaddam/dpa

Las alpacas y llamas, originarias de Sudamérica y parientes lejanas de los camellos, ya no son una rareza en Europa y se están convirtiendo en animales de moda.

Algunos de los llamados “camellos del Nuevo Mundo” viven en la granja de Andreas y Christina Klövekorn en Emstek, Baja Sajonia, quienes mantienen allí 18 alpacas y 3 llamas.

En su granja “Herzog-Alpakas”, Klövekorn y su esposa ofrecen sesiones de fotos y productos de lana, así como también caminatas con los camélidos. Actualmente existen muchas ofertas similares en Alemania, por ejemplo en la región del Ruhr, en Baviera o cerca de Berlín.

Las llamas son animales de carga y por lo tanto mucho más dispuestas a caminar que las alpacas, que más bien dan lana y no se concentran tanto en las caminatas. Pero ambas tienen una cosa en común: la mirada curiosa y las orejas aguzadas cada vez que perros, personas o coches se les cruzan en el camino.

“No es ningún problema criar a estas dos especies juntas”, afirma Klövekorn. Con otros animales, esto no funciona. Las llamas y las alpacas tienen sus propias ideas de higiene y siempre hacen sus necesidades en el mismo lugar.

“Las alpacas y las llamas no comen en lugares donde hay excrementos”, explica el criador. Si vivieran con caballos, ovejas o cabras, llegaría el momento en que no podrían pastar en ningún lugar porque está sucio por todos lados.

Según estimaciones de la Asociación Alemana de Protección Animal, sólo en Alemania hay alrededor de 15.000 llamas y alpacas.

“Estos habitantes originarios de los Andes están bien adaptados a las condiciones climáticas de nuestro país”, señala Lea Schmitz, portavoz de la asociación. Sin embargo, la institución se muestra escéptica, porque muchos propietarios no saben lo suficiente sobre la forma de vida apropiada para estas especies.

Las llamas y las alpacas no pueden ser mantenidos, por ejemplo, de manera individual ni tampoco vivir solo en establos, y deben estar separados por sexos.

“Me pude desenchufar realmente”, dice una mujer de 29 años después de dos horas de caminata. Klövekorn conoce el efecto.

“Los animales nos tranquilizan”, indica. Por eso son muy adecuados también para terapias con apoyo animal, agrega Klövekorn.

La Asociación de Protección de Animales advierte, sin embargo, que no todas las alpacas y llamas se sienten bien en la proximidad de los humanos.