Autocuidado ante el regreso a la presencialidad

No perdamos la oportunidad de aprender para crecer como personas y que está situación que hemos vivido. Por ello tan importante el autocuidado
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Autocuidado ante el regreso a la presencialidad

Nosce Te Ipsum por: Josman Espinosa Gómez

En pasadas columnas, hemos hablado sobre el ya casi obligado regreso a la presencialidad, y sabemos que existen temores al respecto por muchas razones, situaciones que no están en nuestras manos y no podemos controlar, por eso, debemos asumir que el único espacio donde podemos hacer algo al respecto, es en nosotros mismos. He aquí una serie de recomendaciones para hacer del Autocuidado la mejor herramienta para enfrentar este proceso de transición a la presencialidad, para ello, los siguientes consejos puede ayudar a encaminarnos:

Aceptación: aceptar la situación que estamos viviendo no es fácil, pero tenemos que aceptarla. Cuanto antes aceptemos lo que está pasando, menos nos resentiremos psicológicamente. La aceptación disminuye la rabia y el resentimiento psicológico. No aceptar nos desgasta, y nos lleva a rumiar o a irritarnos con nosotros o con los demás; nos cansa y nos hace menos eficientes. Todo esto algún día pasará.

Rebajar Expectativas: exigirse expectativas muy altas lleva a la frustración, y de ahí a la ansiedad.

Apoyo Mutuo: nacemos con sistemas de acción, con programas innatos de conducta para la vida diaria, tales como el juego, la sexualidad, la regulación de la energía. Uno de ellos es el sistema de colaboración. El trabajo como grupo es fundamental en esta crisis. No estás solo. Da apoyo, busca momentos para hablar, para escuchar, para llorar, para gritar, incluso, para reír. La soledad que nos sobrepasa y abruma está en el origen de toda enfermedad, porque somos animales sociales, y nuestra mente es relacional. Si luchamos solos, caeremos antes. Darnos apoyo es esencial.

Autocuidado: otro de los sistemas de acción que se ponen en riesgo en situaciones críticas, donde nos domina el miedo y la preocupación, es el sistema de “regulación de la energía”. Nos olvidamos de comer, de beber, de descansar, de parar. El gran riesgo psicológico que se corre en esta situación laboral es el agotamiento psicofísico. Estrés crónico, agotamiento psicofísico y luego la cristalización en un amplio abanico patológico. Tenemos que cuidarnos para poder esquivar esta situación. Hay que darse cuenta que nuestra mejor aportación en esta crisis es cuidarnos a nosotros mismos para no enfermar.

  • Cuidar el cuerpo: alimentarse y dormir lo suficiente. Dormir ventila el estrés, lo procesa.
  • Permanecer en el aquí y ahora: cuando estemos en el trabajo, intentar mantener la atención solo en lo que estemos haciendo en ese momento, y si nos damos cuenta de que la mente, huidiza ella, se va a otros lugares, volver a traerla. Permanecer en el presente ahorra energía y minimiza los fallos.
  • La gestión del tiempo: hacer pequeñas paradas de unos minutos por cada hora de trabajo es un reseteo útil para recargarse y seguir.
  • Mantener nuestros hábitos: por mucho que la situación nos parezca desbordante debemos continuar con nuestros pequeños hábitos, cualesquiera que sean, cada uno de ellos nos recuerda quienes somos y nos sirven de referencia, de ancla, son nuestra toma de tierra.
  • Descargar estrés: Desconectar con algún tiempo para actividad física o lúdica, o simplemente hablar, reírse con los nuestros. A veces el cansancio puede llevarnos a no hacer lo de siempre, pero es importante.

Acompañar: uno de los grandes dramas que está teniendo esta crisis es la cantidad de gente que está muriéndose sola. Acompañar a estos pacientes, reconfortarles en su último momento, con una palabra, una mirada, una caricia, es un regalo, un momento profundamente humano y espiritual, que puede servirnos de nutrición interna.

Aprender: todas las crisis son también una oportunidad para el aprendizaje. No desde el miedo, sí desde la curiosidad. La curiosidad de ver cómo cada día se nos presentan nuevos retos, nuevos obstáculos a superar, o a tratar de superar, y con ellos gente, mucha gente, de la que aprendemos también a cómo afrontar, vivir, enfermar, morir, porque de todo podemos aprender.

No perdamos la oportunidad de aprender para crecer como personas y que está situación que hemos vivido, le recordemos como un parteaguas de una mejor versión de cada uno de nosotros para el resto de nuestras vidas.

Más información sobre autocuidado y otros temas en Nosce Te Ipsum
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