amor propio es la clave

Antes de ser mutuo, el amor es propio

NOSCE TE IPSUM Por: Josman Espinosa Gómez

¿Cuántas veces en tu vida has tenido que decir adiós sin quererlo? Más allá de haberlo hecho alguna o muchas veces en la vida, en algún momento todos hemos pasado por el momento de deshacernos de un vínculo que nos está ocasionado un sufrimiento sin necesitarlo. Es importante relevar que un adiós siempre será un proceso de crecimiento, ya que es un espacio personal que nos permitirá reencontrarnos con nosotros mismos, porque en algún momento algo o alguien nos alejó de lo que somos realmente y de lo que nos mantienen en equilibrio con nuestro ser.

Un adiós puede ser provocado por muchas razones, porque ya no nos necesiten, porque ya no somos una prioridad, porque ya hay muchos vacíos que no se han podido llenar, porque ya duele más estar ahí que no estarlo, y por consecuencia, tal vez desde hace mucho tiempo ya haya habido una despedida sin decirlo. Y es un hecho que la despedida en sí, no es tan dolorosa como contener las ganas de volver, porque es ahí donde nos confrontamos no con nuestra propia fortaleza, sino con nuestro amor propio llamado: dignidad.

Tenemos que saber que si nos permitimos ser débiles y correr detrás de quien no nos necesita o de quien ya no somos una prioridad, nos estaremos haciendo un daño profundo, a nuestra autoestima y amor propio, pero sobre todo le estaremos dando la llave de nuestra infelicidad a esa persona por siempre. Por lo que no te quepa duda alguna que la única persona que debe tener esa llave, siempre eres tú, porque bien dice el dicho: “La puerta de la felicidad se abre hacia afuera”, porque solo tú debes decidir por quién vale la pena invertir tu tiempo para compartir tus sueños y proyectos de vida, por lo que decir adiós siempre será un acto de valentía y la mejor expresión de amor propio.

Es cierto, que es más fácil decirlo que hacerlo, ojalá fuera algo que se logre con una pastilla o un acto de magia; sin embargo, requerimos más que eso, se necesita de coraje, de un acto de voluntad consciente que comprenda que esto es una necesidad vital. En pocas palabras, es ordenarnos a nosotros mismos que ya no vamos a permitirnos sufrir más por alguien que no valora lo que somos. Así que el adiós nunca será el fin, sino el principio de darnos la oportunidad de sanar muchos espacios, muchos agravios y dolores que no pasan solo con el tiempo como todo mundo nos dice, porque el tiempo no cura si nosotros no ponemos de nuestra parte, de ahí que valga la pena tener en cuenta estos aspectos:

  • Muchas veces no sabemos si lo que se terminó fue al amor, o fue la paciencia, porque tener paciencia no es lo mismo que ser pasivos ante los egoísmos o las carencias en una relación. El amor puede ser ciego, pero la paciencia siempre debe tener un límite.
  • Decir adiós, implica pasar por el proceso de un duelo, por lo que aferrarse a una idea de no aceptarlo sin haber gestionado pensamientos y emociones, puede anclarnos en un lugar del que podríamos pensar que nunca saldremos.
  • Alejarse de alguien significativo para nosotros requiere entender, qué ha ocurrido, qué ha generado esa separación. Es necesario aceptar que o bien ya no somos queridos, o bien, que es necesario dar por terminada una relación que ocasiona más sufrimiento que felicidad.
  • Las rupturas de vínculos interpersonales requieren algún tipo de desahogo emocional, ya sea con lágrimas o con palabras, esto nos llevará al proceso de aceptar día a día la situación, misma que nos permite sentirnos seguros de nuestra decisión.
  • Un punto fundamental para un buen proceso de duelo, es decir adiós sin rencor, odio o desprecio, aunque no sea fácil, es normal que cuando somos conscientes de que no nos necesitan, de que han dejado de querernos o de que solo nos ofrecen un amor doloroso, lo que sentimos es enojo, pero tienes que pensar que toda emoción negativa va a impedirte cerrar ese círculo, se convierte en una carga que sigues almacenando y aunque no quieras, implica que sigues unido a esa persona.

Solo recuerda que cuando mantenemos una relación disfuncional, es decir, ahí donde experimentamos sufrimiento, desengaño y donde lejos de crecer se quiebra nuestro equilibrio personal, lo que hacemos en realidad es alejarnos de nosotros mismos. Por lo que tener el coraje para decir adiós implica hacer un viaje de retorno a nosotros mismos, a curar heridas, atendernos y recuperar no solo a la persona que eras antes, sino también para crear a quien deseas ser ahora.

Al final del día, debes aprender a liberarte diciendo adiós a todas esas relaciones que si no sueltas, se vuelven piedras en el camino que solo vas cargando y que tarde o temprano terminan pesando demasiado para seguirte moviéndote, y ahí es donde puede terminar tu vida como la conoces; así que recuerda que amar es un acto de voluntad, donde el amor antes de ser mutuo, debe de ser propio, por favor nunca lo olvides.

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